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Movimientos de los ojos y mentiras: qué puedes comprobar de verdad

¿Mirar a un lado delata una mentira? Examinamos parpadeos, pupilas y estudios de seguimiento ocular, con cifras y ejemplos para interpretar entrevistas.

TrueCrime.today Editorial9 min de lectura
Sesión ficticia de seguimiento ocular en una mesa luminosa con un cuaderno morado de TrueCrime.today.

TL;DR

Los movimientos de los ojos no ofrecen una regla fiable para decidir si una respuesta es mentira. Mirar a la derecha, apartar la vista o parpadear más puede llamar tu atención, pero atribuirle una intención exige otra clase de pruebas. Los experimentos de seguimiento ocular sí encuentran diferencias en algunas tareas de reconocimiento y ocultación; sus resultados dependen de qué se pregunta, cómo se mide y quién intenta disimular.

La última vez que revisamos los estudios de este artículo fue el 20 de octubre de 2026. Las cuentas y la historia del taladro son ejemplos inventados para explicar cómo leer esos resultados.

Qué te dice realmente esa mirada

En una entrevista, alguien mira hacia una puerta antes de contestar. El vídeo se detiene, aparece un círculo y la narración anuncia que acaba de descubrir una mentira. Antes de aceptar esa explicación, falta algo bastante básico: saber qué había junto a la puerta y qué estaba pasando durante la pregunta.

Puede haberse oído un ruido. Quizá la persona buscaba una referencia para recordar una fecha. También podría estar evitando una respuesta. Que varias explicaciones encajen con el mismo gesto impide escoger una solo porque resulte más emocionante.

Una observación puede servir para hacer una pregunta concreta. Si alguien afirma que nunca vio entrar a otra persona, interesa comprobar dónde estaba y qué podía ver. Para detectar mentiras, la utilidad de ese detalle dependerá de si ayuda a contrastar lo dicho con información sobre el suceso.

Conviene conservar ese orden: primero la afirmación que se discute; después los datos que podrían confirmarla o contradecirla. Empezar por un gesto sospechoso y buscarle una historia facilita que cualquier movimiento acabe pareciendo incriminatorio.

Lo que se estudió en Granada no era la mentira

Un trabajo del CIMCYC de la Universidad de Granada reunió datos de 11 estudios con más de 700 participantes. Comparó respuestas a ojos, rostros y flechas cuya dirección podía coincidir o no con su posición en la pantalla. La mirada produjo un patrón de interferencia distinto del de las flechas.

Esto explica por qué importa leer la tarea. Allí se pedía identificar una dirección e ignorar la ubicación del estímulo. Se midieron errores y tiempos de respuesta; nadie estaba demostrando que una persona mintiera al mirar hacia un lado.

La cifra de participantes da peso a aquella pregunta sobre atención. No transforma el resultado en una prueba sobre sinceridad. Si una noticia mezcla ambas cosas, puedes separar qué hicieron las personas del estudio de la interpretación que alguien añadió después.

La mirada ajena organiza nuestra atención y nuestra conversación. Esa riqueza comunicativa hace interesante investigarla, pero también permite confundir preguntas distintas cuando un vídeo promete un código universal.

No hay un mapa fiable de izquierda y derecha

La versión popular de la programación neurolingüística relaciona ciertas direcciones con recordar o construir imágenes. De ahí se suele saltar a otra afirmación: recordar equivaldría a decir la verdad e imaginar equivaldría a mentir. Ese salto necesita demostrarse.

Wiseman y sus colegas probaron la hipótesis direccional en 2012 mediante tres estudios: 32 personas diestras entrevistadas, 50 observadores y 52 llamamientos públicos. No encontraron apoyo para el patrón anunciado ni una ventaja por enseñárselo a quienes juzgaban los vídeos.

Antes incluso de interpretar una dirección, aclara de quién es la derecha. La de quien habla queda al lado contrario de la tuya al mirar de frente; una grabación invertida puede añadir confusión. Corregir la orientación mejora la descripción del gesto, pero no convierte la hipótesis en un método probado.

Qué registra un aparato de seguimiento ocular

La dirección de la mirada sitúa hacia dónde apuntan los ojos. Una fijación es un periodo de mirada relativamente estable; las sacadas son los desplazamientos rápidos entre fijaciones. El parpadeo implica el cierre de los párpados, mientras que el diámetro pupilar describe la abertura oscura del iris.

Dirección, parpadeo, diámetro pupilar y fijaciones con sacadas: cuatro medidas que no equivalen a una intención.

Un aparato puede registrar posiciones sucesivas sin averiguar por qué te detuviste en una fotografía. El motivo podría ser familiaridad, sorpresa o una instrucción de la prueba. La explicación depende de las comparaciones preparadas por el experimento.

Al analizar un caso de true crime, describe primero lo que permite observar la grabación. Un primer plano puede mostrar un cierre de párpados; no garantiza una medida precisa del diámetro pupilar ni conserva necesariamente todo el intervalo de respuesta.

El ensayo de 2026 puso a prueba el disimulo

En un estudio publicado en septiembre de 2026, Milosavljević y sus colegas asignaron a 75 participantes a tres condiciones de conocimiento y ocultación. Examinaron 12 medidas oculares con cuatro clasificadores, separando participantes de entrenamiento y de prueba. Al controlar voluntariamente la mirada, la comparación entre el grupo sin información y el de culpabilidad simulada cayó al nivel del azar; otras comparaciones funcionaron mejor.

El resultado obliga a precisar qué contraste sostiene una promesa. Separar a alguien que revela información de alguien que no la conoce puede resultar más fácil que identificar a quien intenta ocultarla. Un único porcentaje que reúna o seleccione resultados puede esconder esa diferencia.

Tampoco sería correcto concluir que todo seguimiento ocular ha quedado descartado. El resumen publicado no proporciona una cifra universal para cualquier método, y no todas las comparaciones fallaron. La conclusión útil concierne a esa tarea y a esa forma de controlar la mirada.

Reconocer una cara deja preguntas pendientes

Hay un contrapunto importante. En 2019, Millen y Hancock estudiaron a 48 estudiantes y encontraron que algunos indicios de reconocimiento de rostros familiares persistían pese a una secuencia de mirada prescrita para disimular. Era otra tarea, con otras instrucciones; no una repetición del experimento de 2026.

Reconocer tampoco explica cómo se adquirió la familiaridad. Puedes haber tratado con alguien, haber visto su fotografía en las noticias o haber recibido esa imagen antes de la prueba. Una respuesta de reconocimiento no decide entre esas historias.

Por eso importa qué información era pública. Si un detalle ya circulaba en redes, conocerlo no prueba que se aprendiera durante un delito. El historial de exposición forma parte del problema, aunque el aparato mida perfectamente.

Cuatro parpadeos pueden ser más que nueve

Imagina dos fragmentos: cuatro parpadeos en 20 segundos y nueve en un minuto. Son números inventados. Al ajustar por duración, el primero equivale a 12 por minuto y el segundo a 9 por minuto. Contar menos cierres no siempre significa parpadear con menor frecuencia.

Ejemplo inventado: cuatro parpadeos en veinte segundos equivalen a doce por minuto; nueve en sesenta segundos equivalen a nueve.

La cuenta es parpadeos divididos entre segundos, multiplicados por 60. Resuelve el problema de la duración, pero deja abiertas las condiciones: en un fragmento quizá se leía una pantalla y en el otro se escuchaba una pregunta.

Además, un intervalo corto puede ser poco representativo. Un solo cierre añadido a esos 20 segundos cambia la tasa en tres por minuto. La cifra calculada puede ser exacta y seguir siendo una descripción frágil del comportamiento habitual.

Por qué unos experimentos encuentran menos parpadeos

Leal y Vrij compararon en 2008 a 13 personas instruidas para mentir y 13 para decir la verdad. Observaron menos parpadeos durante las respuestas engañosas y un aumento posterior respecto al nivel de referencia. El momento de la medición era parte del resultado.

Perelman analizó en 2014 a 32 participantes y obtuvo un 81,3 % de clasificación correcta en una misión simulada. El parpadeo también disminuyó durante el engaño, pero no apareció el rebote posterior del estudio anterior. Su sensibilidad fue del 88,2 % y su especificidad del 73,3 %: acertar con el grupo engañoso y con el veraz eran problemas distintos.

No dispones por ello de una precisión del 81,3 % para entrevistar a cualquier persona con una webcam. Hay que probar si la regla funciona con gente nueva y en condiciones diferentes. Tampoco puedes borrar el periodo posterior a la respuesta si la afirmación original dependía de él.

Una décima de milímetro necesita contexto

En un estudio de reconocimiento de Seymour y sus colegas, publicado en 2013, se emplearon imágenes con luminancia equiparada, apoyo para la barbilla y seguimiento a 60 Hz. De 60 participantes, ocho no pudieron calibrarse y quedaron 52 para el análisis. En la condición con el rostro conocido, las medias pupilares fueron 3,9 y 4,0 milímetros para estímulos irrelevantes y de prueba.

Esa diferencia entre medias de grupos no establece un umbral individual de mentira. La luz, el esfuerzo mental y otras respuestas pueden modificar la pupila. Una fotografía ampliada no controla esas causas ni recupera resolución que la cámara nunca registró.

Las exclusiones también cuentan: saber cómo funciona un método con registros utilizables y saber a cuántas personas logra medir son dos cuestiones. Un problema de calibración no constituye una señal de ocultación.

Del porcentaje del estudio a una acusación

Foucher y sus colegas describieron en 2025 dos conjuntos de datos: 87 personas en una tarea informatizada con cartas y 36 frente a quien realizaba el experimento. Informaron de resultados de hasta un 74 % al distinguir revelar y ocultar, y un 49 % al añadir fingir como tercera categoría.

Distinguir revelar y ocultar plantea una decisión diferente de distinguir revelar, ocultar y fingir; los resultados no forman una clasificación común.

Cambiar el número de categorías modifica el problema. No conviene restar los porcentajes y presentar la diferencia como el precio universal de una mentira más elaborada. Tampoco se pueden reunir ambas muestras y anunciar un único resultado con 123 personas.

Un clasificador necesita ejemplos donde la respuesta correcta se conozca por algo independiente de los propios ojos. Si las etiquetas «miente» y «dice la verdad» proceden de la intuición de quien mira el vídeo, el algoritmo puede aprender esa intuición sin aprender a detectar falsedades.

El taladro que volvió a la biblioteca

Pensemos en una biblioteca que presta herramientas. Al preguntar por un taladro, una persona mira las etiquetas de una estantería y dice que lo devolvió el martes. Todo este ejemplo es ficticio. La mirada podría ayudar a localizar el objeto, recordar el registro o evitar la conversación; el movimiento no elige una explicación.

Para comprobar la devolución hacen falta el identificador del taladro, el asiento de entrada y la hora. Un registro puede contener un error, así que también interesa saber quién lo creó y si corresponde a esa herramienta. Eso es investigar la afirmación, en lugar de tratar el gesto como una respuesta anticipada.

Si luego aparece el taladro, queda por aclarar cuándo llegó. Si no aparece, aún puede haber una confusión. Ninguno de esos resultados convierte retrospectivamente una mirada hacia arriba en un detector fiable.

Qué pedirle al próximo análisis de una entrevista

Puedes preguntar qué movimiento se midió, durante cuánto tiempo, con qué equipo y frente a qué comparación. Después viene la cuestión decisiva: qué relación tiene esa medida con la afirmación concreta que se pretende demostrar.

Un análisis serio debería explicar sus errores y sus límites con personas nuevas. Si solo enseña los fragmentos que encajan, falta saber cuántos gestos iguales aparecieron en respuestas verdaderas o cuántas mentiras no produjeron el gesto esperado.

La mirada puede darte una razón para revisar un detalle. Para decidir qué ocurrió, vuelve a la frase, al registro y a las explicaciones alternativas. Ahí es donde una observación deja de ser una impresión y empieza a ayudar.

Para tu próximo episodio

Puedes preguntar por un estudio del seguimiento ocular o por una cuenta de parpadeos. No envíes grabaciones privadas ni documentos personales.

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