Microexpresiones y mentiras: ¿qué revela realmente una cara?
¿Sirven las microexpresiones para detectar mentiras? Qué midieron los experimentos, por qué cambian las cifras y cómo revisar una acusación basada en un gesto.

TL;DR
Las microexpresiones pueden aportar información sobre una reacción emocional, pero no permiten decidir por sí solas si alguien miente. Los estudios cambian según lo que llaman microexpresión, la tarea y la manera de comprobar la respuesta. Antes de creer una acusación basada en una cara, necesitas saber qué se observó y qué hecho del relato se pudo contrastar.
Una captura no conserva la conversación
Te llega una foto de una entrevista. Alguien ha rodeado una comisura de la boca y ha escrito «ahí se delata». El gesto parece extraño, sobre todo con esa frase encima. Sin la pregunta anterior, la secuencia completa y el sonido original, sin embargo, te faltan precisamente los elementos que podrían ayudarte a entenderlo.
En la detección de mentiras, una impresión de desconfianza y una afirmación falsa comprobada son resultados diferentes. Si alguien dice que entregó una llave el lunes y existe un recibo fechado el martes, hay una discrepancia que investigar. La expresión que tenía al responder no establece qué fecha es correcta.
Conviene conservar esa diferencia desde el principio. El registro científico de un movimiento puede ser muy preciso y su explicación seguir abierta. Además, incluso una emoción bien identificada puede deberse a algo que la entrevista no menciona. La incomodidad ante una pregunta no viene acompañada de una etiqueta que indique su causa.
El análisis de materiales de un caso exige separar lo que consta en la grabación de lo que propones para explicarlo. El FACS, un sistema de codificación de movimientos faciales, ayuda con la descripción. Un código de movimiento no establece automáticamente una emoción, su motivo o la verdad de una frase.
¿Qué tiene de micro una microexpresión?
El término suele describir una expresión facial muy breve, estudiada como posible manifestación de una emoción que se intenta ocultar. Paul Ekman contribuyó a popularizar esta línea de investigación. Su atractivo es fácil de entender: una reacción fugaz parece menos controlada y, por eso, más reveladora que una respuesta preparada.
Pero la duración necesita una definición. Algunos trabajos estudian ventanas de unos 40 a 200 milisegundos; otros incluyen expresiones de hasta medio segundo. También se puede medir cuánto tarda un movimiento en alcanzar su punto máximo o cuánto dura de principio a fin. Esas medidas no cuentan lo mismo.
Yan y sus colaboradores analizaron esa cuestión en 2013. Si comparas dos resultados sin comprobar qué tiempo midieron, puedes atribuir a una mejor técnica lo que se debe a una regla de inclusión más amplia. Para interpretar el porcentaje, primero necesitas conocer el denominador y los eventos que entraron en él.
Cuando el límite cambia, cambia el resultado
En el experimento de Matsumoto y Hwang de 2018 participaron 77 personas en una situación simulada de control de seguridad. Las expresiones negativas combinadas diferenciaron a los grupos de verdad y mentira al incluir duraciones de hasta 0,40 y 0,50 segundos. No apareció esa diferencia con el límite de 0,30 segundos ni en la ventana de 40–200 milisegundos.
El resultado positivo merece atención, y también sus condiciones. Se trataba de mentir sobre una intención en una tarea concreta, con varios límites temporales analizados. Los autores declararon su relación laboral con Humintell, que comercializa productos de este ámbito. Eso permite valorar un interés relevante; no sustituye el examen del método ni demuestra por sí mismo que el resultado sea erróneo.
Una investigación anterior, de Porter y ten Brinke en 2008, examinó 697 expresiones y 104.550 fotogramas en una tarea de ocultación emocional. Las microexpresiones bajo la definición estrecha aparecieron en alrededor del 2% de las expresiones, en aproximadamente el 22% de los participantes. Otras filtraciones emocionales fueron más comunes. Ninguna de esas cifras significa «porcentaje de mentiras detectadas» en una entrevista criminal.
¿Qué significan los porcentajes del entrenamiento?
El estudio piloto de reconocimiento de microexpresiones de 2025 analizó a 27 personas adultas con bajo estado de ánimo durante tres semanas. El acierto en la tarea pasó del 37,4% al 57,2% entre la primera tentativa y la última sesión. La diferencia es de 19,8 puntos porcentuales, calculada restando ambos valores.
Las personas practicaban reconocimiento emocional. El estudio no tenía grupo de control ni comprobaba si podían distinguir relatos verdaderos de falsos. Puedes aceptar que la puntuación mejoró y seguir preguntando qué parte del cambio se debe a la práctica y si se mantendría con una tarea nueva. Un ensayo de entrenamiento publicado por Döllinger y sus colaboradores en 2021 también encontró mejoras ligadas a lo practicado, sin transferencia general entre las dos capacidades emocionales evaluadas.

De una emoción a una acusación hay varios pasos
Supongamos que la persona siente miedo. Podría temer que descubran una mentira, que no crean una experiencia real o que una respuesta perjudique a alguien cercano. Son explicaciones posibles, no diagnósticos de lo que ocurre en ese rostro. Para elegir entre ellas hacen falta datos que las distingan.
La crítica publicada por Judee Burgoon en 2018 insiste en esos saltos de interpretación. Es una discusión académica de las inferencias, no otro experimento con una nueva tasa de acierto. Mantener esa distinción evita enfrentar cifras de laboratorio con una opinión como si ambas midieran el mismo resultado.
La llave que aparece en un relato inventado
En una entrevista ficticia preguntan: «¿Devolviste la llave antes de que cerrara la oficina?». La respuesta es: «La dejé donde siempre». Al contestar, la persona hace una mueca. Quien comenta el vídeo la llama desprecio y concluye que la llave nunca se devolvió.
La respuesta deja pendiente el momento de la entrega. Puedes preguntar dónde la dejó y qué hora recuerda, sin atribuir un significado a la mueca. Un recibo, una anotación o una persona que presenciara la entrega podrían ayudar a comprobar aspectos del relato. También habría que verificar cómo se obtuvieron y qué certifica cada registro.
Si aparece un recibo del martes, aún debes averiguar si registra la entrega o la tramitación posterior. El dato independiente mejora la pregunta, aunque no la resuelva por completo. Tampoco te permite afirmar que la persona sabía que estaba dando una fecha incorrecta. La intención de engañar necesita su propia justificación.
¿Y si un programa reconoce el movimiento?
Un programa puede localizar puntos del rostro y asignar una etiqueta a una secuencia. Para interpretar su precisión necesitas saber contra qué se comparó la salida: una emoción representada por instrucciones, el juicio de observadores o una verdad conocida de forma independiente. Acertar una etiqueta del conjunto de entrenamiento no equivale a comprobar lo ocurrido fuera de él.
La separación entre personas también importa. Si fragmentos del mismo rostro aparecen en los datos usados para aprender y para examinar el sistema, el resultado puede reflejar características de esa persona o de la grabación. Una prueba con personas nuevas permite plantear otra pregunta, más exigente, sobre la generalización.
Y el formato del vídeo modifica tu propia experiencia. A 25 fotogramas por segundo, cada intervalo dura 40 milisegundos. Un movimiento de 200 milisegundos abarca cinco intervalos; reproducido ocho veces más despacio ocupa 1,6 segundos en pantalla. Son cálculos del ejemplo, no medidas de exactitud. El tiempo adicional de visionado no revela la causa del gesto.
Cómo pedir una comprobación útil
Cuando alguien publica una «señal de mentira», pide la pregunta completa, el momento exacto y una descripción del movimiento que otra persona pueda revisar. Después pregunta qué afirmación se considera falsa y con qué evidencia se ha contrastado. Así puedes localizar dónde aparece el desacuerdo.
Para un curso o una herramienta, la pregunta cambia: ¿cuántos relatos verdaderos clasificó como falsos y cuántos falsos dejó pasar? Necesitas ambos errores, el tipo de participantes y una prueba independiente. Una colección de casos que parecen confirmar el método no permite calcular su rendimiento.
También ayuda anotar tu impresión antes de escuchar el comentario. Si cambia tras repetir el mismo gesto, pregúntate qué información nueva apareció. Quizá cambió el contexto; quizá solo aumentó la familiaridad con la interpretación del presentador. Separar ambas cosas te permite discutir el vídeo con más cuidado.
Lo que todavía falta por demostrar
La investigación sobre expresiones breves plantea preguntas reales: cómo se ocultan emociones, qué movimientos se pueden registrar y qué habilidades mejora el entrenamiento. Los resultados positivos tienen condiciones que conviene conservar, igual que los resultados negativos tienen límites.
Para sostener una promesa de detección de mentiras hacen falta reglas temporales fijadas de antemano, grabaciones independientes, errores de ambos tipos y una comprobación del valor añadido respecto a las palabras y las circunstancias. Mientras falte esa prueba, puedes describir una reacción y dejar abierta su explicación. La prudencia aquí consiste en ajustar la conclusión a lo que realmente se pudo comprobar.
Puedes preguntar por una medida de duración, un resultado experimental o una interpretación de microexpresiones. No envíes grabaciones privadas, pasaportes, contratos, datos bancarios ni otros documentos personales.
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